viernes 26 de octubre de 2007

A mal tiempo, buena cara


Cuando nos encontramos bajo presión, vemos el verdadero cáracter de las personas.
No hay duda que para cada una de las consultoras estas semanas, han sido momentos en donde se ha probado nuestra capacidad de concesión, tolerancia, resolución de conflictos, todo con el fin de mantenernos vivos, llegar a acuerdos y presentar medios satisfactorios para la campaña de reciclaje.
Para los que trabajamos, tratamos de ubicar nuestras mentes, ya que muchas veces estamos en la U pensando en el trabajo, y en el trabajo, pensando en la U.
Para los que tienen responsabilidades familiares (pareja, hijos, o ambas cosas), tienen que ingeniarselas para hacerlas de malabaristas y salir adelante con todas sus responsabilidades.
Sin embargo, el mayor reto se encuentra en el hecho de salir airosos, y con buenas relaciones después que la presión baja.
Me da mucha risa, porque después de varios días, en donde la olla de presión estaba silbando a más no poder, como COMPITE, hemos terminado abrazadas y de lo más felices.
¿Cómo logramos esto? Pues yo sí creo en la intervención divina, porque a veces es un esfuerzo sobrehumano mantener la paz en medio de la presión.
Felicito a cada una de las chicas que componen COMPITE, estoy segura de que gracias a ellas, mi carácter se forma y cada día aprendo a ser mejor profesional.

martes 9 de octubre de 2007

Cualquier piedra, por preciosa que sea, pierde su valor ante la ignorancia de quien la lleva.


Segun un estudio de la UNESCO con la Universidad de Panamá, el docente además de tener un basto conocimiento de su materia y de las nuevas tecnologías, debe desarrollar habilidades emocionales fundamentales para el desarrollo de la creatividad, la innovación y la convivencia justa dentro de una cultura de paz.
De ello se desprende que debe contemplarse en el quehacer docente, la formación de valores personales y sociales tales como la integridad, la responsabilidad, el respeto a la diversidad, la honestidad, el amor por el conocimiento y la sana competencia, junto al logro de la satisfacción consigo mismo y un alto nivel de compromiso con el entorno social y ecológico.
Por todo lo anterior, precisa de inteligencia emocional.
Inteligencia Emocional, lo que le hace falta al catedrático que cree que la iniciativa estudiantil es un acto de "sobrepasar su autoridad", que cambiarse de salón para una actividad académica es sinónimo de desorden.
Admiro a muchos de los catedráticos de talleres por la capacidad de incentivarnos, por el carácter para hacernos ver nuestros errores, pero también por dejarnos "libres" para empezar a mostrar nuestros pininos como profesionales.
Pero también me molesta la prepotencia, la arrogancia, la terquedad de algunos de nuestros catedráticos, porque antes de cualquier cosa es su orgullo, un orgullo que no permite el dialogo, un autoritarismo que se crea a través de la prepotencia (y no hablo solo por el trato hacia nosotros sino por la forma de responder una llamada al celular), y lo peor, que se valen de su posición para ofender, hundir, y hacer lo que él dice, porque él lo dice (bastante arcaico la verdad).
Para ser catedrático no solo se necesita conocimientos, se necesita apertura para escuchar a las nuevas generaciones, se necesita flexibilidad para olfatear el profesionalismo en las iniciativas de los "inexpertos", se necesita respeto para ganarse la autoridad de sus alumnos, y mucho dominio propio para canalizar los problemas de cáracter ante sus "subalternos".

domingo 7 de octubre de 2007

Cantinfleando con la "asumida"

Asumir es de los peores errores que podemos cometer.
Cortamos a los chavos por asumir que no nos aman, nos enojamos con la mara porque asumimos que nos entienden, y hacemos las tareas asumiendo que los demás tienen la información debida.
Asumiendo perdemos oportunidades, dejamos notas, fracasamos en el amor, inventamos a los publicos y fallamos en las campañas.
Bien dice que no hay pregunta tonta, sino que tonto es aquel que no pregunta, no doy detalles para no hundirnos publicamente, pero siempre hay una primera vez para llevar la gran "L".
Creo que después de Validación, estamos más unidas y pendientes de no dormirnos en los laureles por andar asumiendo.

lunes 1 de octubre de 2007

La encrucijada de los talleres


De alguna manera, cada día del ciclo (y de nuestras vidas) formamos parte de un equipo, y aunque parezca obvio el saber que debemos involucrarnos con otros para tener éxito, dentro de nuestras cabezas siempre existe el individualismo y la imposición de ideas, el querer sobresalir sin importar sacrificar al mismo equipo, y es aquí donde empiezan las miradas de crítica, la tención en las reuniones, o peor aún, el hermetismo de ideas, porque aunque todos vayamos hacia un mismo fin, la visión de unidad en el camino la perdemos.
Todos sabemos que trabajar en equipo es algo bueno, es ESENCIAL, pero ¿cómo se logra mantener un equipo durante los momentos de stress? ¿Qué es lo que hace que un equipo tenga éxito? ¿porqué algunos equipos ascienden rápidamente, y otros no "engranan"?
Jonh Maxwell en su libro "las 17 leyes incuestionables del trabajo en equipo" cita que tener éxito en un trabajo no garantiza que los individuos estén fucionados y para que esto pase se necesita de tiempo, dedicación, honestidad y confianza en el otro...
La confianza, otra palabra díficil. Estos talleres prueban mucho de mí, de mi capacidad para hacerme sentir parte importante dentro del grupo, para saber callar cuando lo que voy a decir no va a beneficiar al grupo y también para hacer preguntas "innecesarias" con el fin de no inventarnos a los públicos sino debernos a ellos.
Me tienen leyendo entre ratos libres con un único fin, luchando con mi terquedad, pero dispuesta a aprender y a beneficiarnos a todos, a ser parte importante allí donde me encuentro, no solo porque aporto algo significativo laboralmente, sino porque mi existencia aporta algo significativo en la existencia de los que están a mi alrededor.