martes 9 de octubre de 2007

Cualquier piedra, por preciosa que sea, pierde su valor ante la ignorancia de quien la lleva.


Segun un estudio de la UNESCO con la Universidad de Panamá, el docente además de tener un basto conocimiento de su materia y de las nuevas tecnologías, debe desarrollar habilidades emocionales fundamentales para el desarrollo de la creatividad, la innovación y la convivencia justa dentro de una cultura de paz.
De ello se desprende que debe contemplarse en el quehacer docente, la formación de valores personales y sociales tales como la integridad, la responsabilidad, el respeto a la diversidad, la honestidad, el amor por el conocimiento y la sana competencia, junto al logro de la satisfacción consigo mismo y un alto nivel de compromiso con el entorno social y ecológico.
Por todo lo anterior, precisa de inteligencia emocional.
Inteligencia Emocional, lo que le hace falta al catedrático que cree que la iniciativa estudiantil es un acto de "sobrepasar su autoridad", que cambiarse de salón para una actividad académica es sinónimo de desorden.
Admiro a muchos de los catedráticos de talleres por la capacidad de incentivarnos, por el carácter para hacernos ver nuestros errores, pero también por dejarnos "libres" para empezar a mostrar nuestros pininos como profesionales.
Pero también me molesta la prepotencia, la arrogancia, la terquedad de algunos de nuestros catedráticos, porque antes de cualquier cosa es su orgullo, un orgullo que no permite el dialogo, un autoritarismo que se crea a través de la prepotencia (y no hablo solo por el trato hacia nosotros sino por la forma de responder una llamada al celular), y lo peor, que se valen de su posición para ofender, hundir, y hacer lo que él dice, porque él lo dice (bastante arcaico la verdad).
Para ser catedrático no solo se necesita conocimientos, se necesita apertura para escuchar a las nuevas generaciones, se necesita flexibilidad para olfatear el profesionalismo en las iniciativas de los "inexpertos", se necesita respeto para ganarse la autoridad de sus alumnos, y mucho dominio propio para canalizar los problemas de cáracter ante sus "subalternos".